
Con un nuevo hombre al timón y una creciente campaña de conservación, 2010 ha sido un año importante para Palma Aquarium. Jan Edwards conoce a Antonio González Clemente y a la directora de educación y medio ambiente, Debora Morrison.
En enero el encantador madrileño Antonio González Clemente habrá cumplido un año como director general de Palma Aquarium. Ha trabajado en multinacionales (incluyendo Pepsi y 7Up) y sin embargo se encuentra como pez en el agua en la industria del ocio: “Durante una temporada muy interesante trabajé con los propietarios de los parques de ocio Aspro, como director general durante casi ocho años. Contaban con Marineland y luego compraron Aquacity y Aquapark Magaluf.”
Visitaba la isla casi cada mes, y bromeaba con sus amigos que si no lo encontraban en Madrid, que lo buscaran en Mallorca. “Cuando me enteré de la posibilidad de dirigir Palma Aquarium, supe que sería fantástico vivir aquí – pero quise ver las instalaciones primero ya que lo único que sabía era lo que me habían contado de ellas. Vine aquí y me enamoré.”
Le gusta el sector del ocio “porque nuestro trabajo es hacer feliz a la gente y lograr eso, sobre todo en estos tiempos tan difíciles, es muy gratificante.” El estudio de mercado es una actividad “casi diaria”, y los sondeos tanto de visitantes como de tour operadores indican un nivel de satisfacción muy alto: “La gente que trabaja con animales tiene sensibilidades diferentes… una vocación.”
Se encontró con un equipo de dirección “muy agradable y profesional” pero hizo algunos cambios de personal, lo cual admite que no fue tarea fácil. A partir de allí y junto a su “fantástico equipo” – empezó a trabajar el posicionamiento del producto en cara al futuro. “Hemos introducido más actividades para mayores, parejas y familias.” Los adultos ahora pueden pasar la noche junto al Big Blue… contando tiburones en vez de ovejas.
Una novedad del verano 2010 ha sido el programa de introducción al buceo. En dos meses unas 1,400 personas (un máximo de tres a la vez) experimentaron el mundo submarino en la piscina de rayas del Jardín Mediterráneo – por el asequible precio de ocho euros.
¿Y qué hay de la crisis? “Este año no hemos notado la crisis, pero hemos trabajado duro y tenemos el mayor equipo comercial y la mayor presencia corporativa posible.” Es el único centro de ocio de Mallorca que abre todos los días, y uno de los pocos en ofrecer un descuento para residentes. También ofrece la posibilidad de visitas ilimitadas a través de su tarjeta de fidelidad Ocean Pass.
“Estamos terminando nuestro plan estratégico. En el sector del ocio tienes que proporcionar nuevas actividades continuamente.” ¿Por ejemplo? “Prefiero mantenerlas en secreto ya que todavía no tenemos la aprobación de Coral World International.” Se ríe. “¡Y porque también tenemos competidores!” Un aspecto “muy importante” son los eventos. El centro se diseñó con espacios únicos para bodas, cumpleaños, reuniones y conferencias.
Antonio González Clemente vive muy cerca de las instalaciones en Las Palmeras. Está casado y tiene dos hijos y una hija. Y cuatro perros: “Son parte de la familia. Traerlos era una de las condiciones de mudarse aquí.” Su Blackberry contiene fotos de sus perros y de su pequeña nieta.
A este madrileño aficionado al tenis y al golf le encanta vivir en Mallorca: “¡De camino al trabajo, veo la bahía y soy el hombre más feliz del mundo!”
- Save the Tuna
La filosofía de Palma Aquarium abarca la protección y conservación del ecosistema marino, y una exhibición única inaugurada en 2010 expone el porqué de la campaña Save The Tuna (Salvemos el Atún Rojo). La fuerza impulsora en Mallorca de la iniciativa del presidente del CWI Benjamin Khan, es Debora Morrison, entusiasta directora de educación y medio ambiente desde hace casi cuatro años.
La cruda realidad es que el atún rojo (Thunnus thynnus) – denominado atún de aleta azul en inglés – se enfrenta a la extinción a partir de 2012. La pesca masiva con redes industriales ha sustituido a los métodos tradicionales y sostenibles, y está acelerando su disminución. Muchos jóvenes nunca llegan a la madurez, se los llevan a granjas de engorde y luego a Japón – el principal consumidor y comerciante. Un ochenta por ciento de la captura del atún rojo del mediterráneo se convierte en sushi. “En la lonja de pescado de Japón – la más grande del mundo – ya se han congelado 25 mil toneladas de atún rojo para futura demanda. Lo he visto por mí misma,” cuenta Debora.
La creación de una reserva marina al sud de las Baleares (la zona de reproducción natural más importante de esta especie) impediría su pesca en la zona y fomentaría su reproducción. “El problema es que el atún rojo se pesca en todos sus ciclos: como bebés, jóvenes, antes y después de que desoven,” explica. “Esperamos que pronto se prohíba la pesca de esta especie hasta que se hayan incrementado los números.” La reproducción en cautividad no tiene éxito. “De momento, sólo pueden reproducirse hasta que tienen 12 días de edad y luego se mueren.”
La educación es una de las claves de la campaña: “He trabajado en un ambiente marino casi toda mi vida, siempre en contacto directo con animales. Poder comunicar y compartir todo lo que he aprendido durante los años – la experiencia de trabajar con animales, de visitar lugares nuevos por todo el mundo y de concienciar a la gente sobre temas como éste – es fundamental.”
Todo el equipo de Palma Aquarium participa con Save The Tuna: “Desde el principio nos lo tomamos muy a pecho y nos lanzamos” dice Debora. Aunque el atún rojo carece del atractivo emocional de los delfines, los cachorros de foca o los osos panda, es una criatura extraordinaria y de sangre caliente (de allí la carne roja). Es capaz de regular su temperatura corporal, puede vivir tanto en mares muy fríos como en aguas templadas, acelera más rápido que un Porsche, se sumerge a hasta mil metros de profundidad y dos veces al año emprende una migración a través del océano. O por lo menos de momento…
Llevar la campaña al público en general es un trabajo enorme, pero de cada vez hay más colaboradores. “Hemos estado hablando con todo el que quiera escuchar.” Los mercados municipales, supermercados (colaboran Eroski y Alcampo), colegios, hoteles, restaurantes y medios de transporte público reciben pósters, folletos, pegatinas y una libreta explicativa (en español, alemán e inglés).
“No pedimos apoyo económico, sólo que nos ayuden a concienciar a los demás. La gente se indigna cuando se lo contamos – sobre todo los jóvenes, se enfadan porque creen (con razón) que se ha escondido el problema, y que nadie les ha hecho saber que comiendo sushi están poniendo un animal en peligro de extinción.”
¿Y cómo han reaccionado los restaurantes japoneses de la isla? “Obviamente se trata de una situación muy difícil porque el atún rojo es uno de sus platos estrella, y tenemos que entender su posición. Les informamos de las consecuencias y sugerimos alternativas (como atún blanco o caballa del Atlántico) – o atún de fuentes sostenibles.”
Apoyar a la campaña Save The Tuna es muy fácil: no comas atún rojo, haz correr la voz y firma la petición: se necesitan nada menos que 500,000 firmas (y números de DNI) para solicitar que el gobierno español tome medidas. Imagínate el impacto que tendría…
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