Thu 23 February 2012

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Bens d’Avall Restaurant Mallorca

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En 1971 entre otras cosas Apollo 14 aterrizó en la Luna, se realizó el primer trasplante de corazón y pulmón, y la película ‘La Conexión Francesa’ se proyectaba en los cines. Otro acontecimiento de ese año tenía una verdadera conexión francesa, fue cuando se abrieron por primera vez las puertas del restaurante de su familia Bens d’Avall y  Benet Vicens, nacido en Sóller, era un pequeño en pantalones cortos que aprendía lo básico de la cocina con su abuela materna – quien había trabajado como cocinera profesional enla ciudad francesa de Beaune. Más tarde, tras estudiar en una escuela de hostelería en Palma, obtuvo experiencia profesional en París junto a Claude Perraudin – uno de los cocineros asociados con el exponente de ‘nouvelle cuisine’ Paul Bocuse, antes de volver a Mallorca a trabajar en el restaurante fundado por sus padres Benito y Catalina.

El hecho de que este restaurante de temporada se haya mantenido en la misma familia durante 40 años, es un logro importante – todavía más si tenemos en cuenta que el restaurante se encuentra en una ubicación algo escondida, al final de un camino estrecho asfaltado, que sale de la pintoresca carretera costera entre Deià y Sóller. En los 70, los vehículos tenían que llegar dando botes por una carretera de piedra, pero aún así, visitantes extranjeros lograban encontrar este establecimiento de comidas tan encantador, encima de Cala Alconàsser. Hoy en día es mucho más fácil llegar y es un lugar muy popular para comer los domingos; a la gente no le importa hacer cola para una mesa, y admiran las im­presio­nantes vistas de la bahía mientras esperan.

Para cada una de las cuatro semanas del mes de mayo, el chef Benet Vicens creó un menú de degustación diferente para celebrar el 40 aniversario del restaurante, recreando platos de toda una década de cocina. Durante nuestra visita, los platos eran de los años 80, la temporada durante la cual Benet Vicens compartía los fogones con su madre, Catalina Mayol. La encantadora encargada del restaurante, Catalina Cifre, que es además la mujer de Benet, nos dio una cálida bienvenida; la pareja lleva 25 años trabajando junta. En cuestión de momentos, estábamos en nuestra mesa, bebiendo cava mientras contem­plábamos las increíbles vistas y nos acompañaba el agradable canto de los pájaros en la brisa. Picamos unas almendras tostadas muy apetitosas (una receta especial de Benet) y unas ligeras y crujientes cortezas de cerdo (de lechona). Seguidamente aparecieron dos pequeños entrantes, descritos en el menú como snacks: “Bacalao confitado en fino escabeche con pimiento rojo en ensalada servido dentro de una lata ovalada con tapa” y “Terrina de conejo con confitura de cebolla, pan casero de algarroba y naranja”. Una excelente combinación de sabores y texturas, elaborado según la receta de la madre de Benet. Cuatro de los platos del menú degustación eran de pescado. Primero vino el Pastel de Cap Roig, servido con una ensalada de prima­vera al vinagre de frambuesa, llena de frescura cítrica. Luego seguimos con los calamares rellenos a la mallorquina, con arroz basmati estilo pilaf, cocinado a la perfección. Y después escalope de salmón escocés a la acedera, un plato creado por Benet como homenaje a los hermanos franceses Troisgros, cocineros muy influyentes en la historia de la gastronomía de su país, y cuyo restaurante en Roanne dispone de tres estrellas Michelin desde 1968. No siempre aciertas con la ternera en esta isla donde el cerdo suele gustar más, pero Benet compra ternera de calidad superior de Ca’n Matarino en Sóller y la trata con el mayor respeto posible. Nuestro plato de carne era un solomillo de ternera mallorquina asado en grasa de ternera, salsa de vino tinto de Bárbara Mesquida,  con patatas Maxim. La ternera se derretía en boca y estaba poco hecha, marinada con vino clásico mallorquín, un acompañante digno. En los postres de tres de los menús de aniversario figuraban dos los ingre­dientes locales favoritos de Benet: frutos cítricos y almendras. Durante la semana

en la que nosotros le visitamos, el postre era una marquesa de chocolate con una salsa de vainilla de Tahití. Lleno de sabor, chocolate y un final perfecto para un almuerzo realmente placentero. Pero aun nos quedaba algo más: los petit fours, uno de requesón con helado de miel de Sóller y otro de tejas de almendra y naranja, dieron toque final a nuestra experiencia gastro­nómica en Bens d’Avall. Bebimos una botella de Nou Nat Blanc de la bodega Binigrau (27€), una buena recomendación para los primeros, pero no probamos el vino tinto – será una buena excusa para volver… y la próxima vez, ¡qué conduzca otro!

Al acabar nuestra comida, el simpático Benet, vino a sentarse con nosotros, y nos mostró la colección familiar de antiguas cartas y fotos, que revela el desarrollo de Bens d’Avall a través de las décadas. Cuando abrió por primera vez, no había electricidad y el agua había que bombearla a mano. ¡Por cien pesetas podías disfrutar de un plato de gambas locales a la parrilla! Pero hay cosas que no cambian: en una de las fotos antiguas vimos una bandeja dcon las tejas de almendra y naranja que acabábamos de degustar …

Lo que antes era una pequeña zona de gravilla exterior, es ahora una espaciosa terraza embaldosada. Los cinco profesionales que trabajan junto a Benet en la cocina lo hacen en una cocina moderna y reluciente, reformada en el año 2000. Varios de sus anteriores empleados ahora dirigen cocinas de éxito en otros lugares de la isla. Bens d’Avall también dispone de un servicio de catering muy exitoso. Ha habido muchos cambios durante los cuarenta años – uno de los más recientes, una página web nueva con un blog. Sin embargo algunas cosas no cambiarán nunca: la filosofía de Benet es usar sólo ingredientes locales, de temporada y de calidad para crear una nueva cocina Balear auténtica con sabores y aromas perceptibles. Le inspiran productos emb­lemáticos – como los tomates, el aceite, las aceitunas, los piñones, los cítricos, las almendras y las gambas. Siente verdadera preocupación por la creciente disponibilidad de productos importados más baratos y el impacto negativo que esto supone para los productores locales y la tradición agrícola: “Al usar productos de Mallorca no sólo es posible crear una cocina auténtica, sino que también ayudamos a asegurar un futuro para la gente involucrada en su producción, como los agricultores, pescadores y comerciantes de mercado.” Jaime (de 22 años) el hijo menor de Benet y Catalina, está trabajando este verano en la cocina, antes de empezar sus estudios culinarios. Es bueno saber que Bens d’Avall podrá seguir siendo un restaurante familiar, con muchos más aniversarios por celebrar …